miércoles, 15 de abril de 2015

Economía doméstica



Aunque en Casa Perfecta he hablado muchas veces sobre el ahorro, hoy lo haré desde otro punto de vista.

La crisis ha hecho reflexionar a muchas personas y muchas familias sobre su modo de gastar y comprar. Muchos han pasado -y pasan- por estrecheces que les hacen mirar hasta el último céntimo. Quien ha mantenido su trabajo, ha mirado más el coste de las cosas, pero ha podido seguir consumiendo, aunque sea en menor medida.

Sin embargo, aunque las estadísticas indiquen que en España la tasa de ahorro fue del 4,4% en el tercer trimestre de 2014 (frente al 15% del segundo trimestre de 2014), en las escuelas (o en casa) no nos enseñan a ahorrar.

Hace algunos años vino a España un economista americano del que no recuerdo su  nombre, que había publicado un libro sobre economía doméstica y "cómo hacerse rico" siguiendo varias técnicas. Tuve la suerte de estar en la presentación de este libro en un ámbito reducido, creo recordar que no éramos más de 15 personas. Lamentablemente, no recuerdo mucho de aquella reunión. Muchas cosas me parecieron difíciles de poner en práctica, al menos en mi situación y con mi edad (a los veintipocos el tema económico parece menos trascendente...). Otras me parecieron irreales (lo de hacerse rico ahorrando los euros de los cafés que te tomas con los compañeros de oficina y pequeños gastos similares, invirtiéndolos en depósitos, sigo sin encajarlo en mi vida).

Sin embargo, conservo dos consejos que se grabaron a fuego en mi interior y que no he sido capaz de poner en práctica hasta hace un par de años. Dos claves del ahorro que son sencillos de realizar, de enseñar, de aprender... pero que pocas personas llevan a cabo:

  • Págate primero a ti mismo: la mayoría de la gente primero paga otras cosas y, si "sobra" dinero, entonces lo ahorran. Pero la única manera de ahorrar de modo constante es establecer cuánto queremos ahorrar al mes (aunque sea una cantidad pequeña, pongamos 20 euros como ejemplo) y que sea lo primero que "paguemos" al cobrar. De este modo, siempre estaremos seguros de estar ahorrando esa cantidad: para un imprevisto, para vacaciones, para un momento especial...
  • Mantén cuentas separadas: puede parecer una tontería, pero si esos 20 euros los ingresamos directamente y de modo automático en otra cuenta, a la que no se tiene fácil acceso (no tienes tarjeta de débito, por ejemplo), se ahorrará. Porque si se mantiene en el mismo lugar, lo perderemos de vista y finalmente lo gastaremos: siempre tenemos algo que comprar como para gastarlo. Si "desaparece" automáticamente de la cuenta (hoy en día se pueden realizar transferencias automáticas), no lo verás, y estarás ahorrándolo.

La teoría, como ves, es fácil de explicar. Llevarlo a cabo parece complicado. Para mi lo fue durante muchos años, hasta que hace dos decidí ponerlo en práctica. Y los resultados me han convencido. Cuando retomé este blog hace dos meses volcándome en llevar una vida más minimalista, este pequeño éxito de economía doméstica se "multiplicó".

El minimalismo nos permite vivir solo con lo necesario. Esto implica que te haces más consciente de lo que compras: adquieres menos cosas, de mejor calidad y en menos ocasiones. Por ello, gastas menos que antes y "parece" que tienes más dinero. En realidad, automáticamente tienes más dinero. Si durante el mes no has comprado ropa porque no lo necesitas, además de aquellos 20 euros que habías ahorrado, tendrás otros 20 de esa camisa que no has comprado. Y si esto lo pasas directamente a la cuenta de ahorro... suma y sigue.

Esto es una de las ventajas directas y rápidas del minimalismo. Ha habido más. En próximos post lo compartiré :)