miércoles, 18 de marzo de 2015

Reducir la tecnología, ganar libertad




Ya desde la primera línea debo reconocer que me gusta la tecnología. Nos ha aportado muchas cosas buenas y, a día de hoy, no estar conectado es como estar fuera del mundo. Además, mi formación y vocación en el ámbito de la Comunicación hace que cualquier forma de "estar" sea valiosa para mi.

Pero reducir la tecnología utilizándola de modo inteligente y sin prescindir de ella es posible. Y en este post no me voy a referir a lavadoras o neveras, porque su "no uso" nos obligaría a ir hacia atrás más tiempo del que nos gustaría. Así que me enfocaré en tres cosas: móvil, correo electrónico y redes sociales.

La gestión de nuestro tiempo afecta a toda nuestra vida: desde nuestro trabajo -si lo tenemos- a nuestra vida familiar y el cuidado de nuestro hogar. Escuchamos a menudo esa frase de "no tengo tiempo para nada", pero todos tenemos 24 horas al día y lo flexibles que sean depende de nuestra gestión personal.

Reduciendo levemente la tecnología y las distracciones (o mejor dicho, gestionándolas) seremos capaces de salvar cada día unos minutos para dedicarlo a nosotros mismos o a lo que más nos apetezca. Son solo leves cambios, pero en mi caso el resultado merece la pena.

Móvil: mi móvil está pegado a mi todas las horas de mi día. Es mi herramienta de trabajo: teléfono, email, redes sociales, chat... pero también mi conexión con mi familia y amigos. Aporta rapidez y capacidad de gestionar varias cosas a la vez, pero al menos en los últimos tiempos, también suponía estar demasiado pendiente de él. Primeras reglas aplicadas: silenciar los grupos de chat y leerlos solo cuando tenga un rato tranquilo para responder. Cuanto más estés en ellos, más demandan tu atención. También he silenciado el resto del teléfono: el constante sonido en la recepción de llamadas o emails distraía mi atención y perdía foco. Es importante concentrarse para acabar las tareas. Hay tiempo para todo y se pueden devolver llamadas en un determinado momento del día.

Correo electrónico: tuve un compañero hace años que solo abría el correo electrónico dos o tres veces al día. Nunca lo entendí, yo necesitaba estar al tanto por si recibía algo urgente. Ahora forma parte de mi día a día: el correo se mira de modo puntual, porque cualquier mensaje urgente puede desviar tu trabajo y no hacer lo realmente importante. Además, cuando miras todos los mensajes a la vez, es posible seleccionar y decidir en un minuto qué hacer con cada uno de ellos. Otra de las cosas que hago desde hace años es dejar la bandeja de entrada solo con los temas pendientes. Y según los voy resolviendo, pasan a otra carpeta de archivo donde los puedo consultar si es necesario. Es liberador ver la bandeja de entrada vacía o con muy pocos emails al final del día.

Redes sociales: una de las herramientas que más me gustan de la actualidad. Estás al día, en contacto y hay muchas para elegir. Pero corremos el riesgo de pasar demasiado tiempo en ellas. Restringir el acceso a una vez al día ayuda a tener más tiempo y estar menos "enganchados".

¿Resultado de todo esto? Tranquilidad, más foco en lo que debo hacer en cada momento, más eficacia y más tiempo.

¿Te animas a probar?